No tires nada raro por tu WC

No estaría de más tener muy bien controlado todo lo que arrojamos por el WC. Y es que no debemos olvidarnos de que el retrete no es ningún vertedero ni basurero; todo lo que tiramos en él puede tener un efecto consiguiente en la instalación de tuberías. Si los conductos están unidos, puede atascarse incluso la ducha o la bañera, de manera que el sumidero no trague. Y es que hay que tener claro que hay cosas que no tienen que tirarse bajo ningún concepto por el WC.

El caso más popular y desaconsejable es el de arrojar toallitas húmedas por el váter. Deberíamos ser conscientes de lo grave que resulta esta acción cotidiana tan simple; tirar el papel higiénico tiene un pase, pero no lo tiene hacer lo mismo con las toallitas desechables, las cuales no son biodegradables y pueden llegar a ocasionar enormes atascos en las cañerías y entonces a llamar a desatascos en Caravaca.

Desde hace algunos lustros, el uso de estas toallitas se extendió entre toda la población, de ahí que su uso sea masivo. Lo que no hay que hacer después de usarlas es tirarlas al inodoro, pues su lugar es la papelera o el cubo de la basura. Al no poder pasar las toallitas por los filtros y las bombas de los sistemas encargados del saneamiento, el escenario que se origina es del todo desagradable.

Además, este hábito puede dar lugar tarde o temprano a obstrucciones en las tuberías de la vivienda o el edificio; lo siguiente será tener que llamar a un fontanero profesional, el cual nos cobrará más de veinte euros por su visita e intervención. El gasto público en combatir esta costumbre doméstico tan poco recomendable anda cada año en centenas de miles de millones de euros, lo que nos da una idea de la dimensión del problema.

Tampoco podemos obviar el negativo impacto medioambiental que tiene el hecho de arrojar las toallitas desechables al WC. Las depuradoras, como consecuencia, tienen que soportar toneladas de residuos. En otras ocasiones, estos restos pueden acabar en ríos o mares, con la contaminación de las aguas que ello conlleva y con lo perjudicial que esto resulta para los peces y las especias acuáticas y marinas.

Del mismo modo que tenemos que cuidarnos de no tirar al WC las toallitas, tenemos que intentar hacer lo mismo con las toallas sanitarias, los tampones y las compresas. Estos productos tampoco logran disolverse en el agua, con lo que también dan lugar a atascos y obstrucciones. Son las mujeres las que tienen que concienciarse de la urgencia de no tirar más tampones al inodoro, porque podrían atascar las tuberías de su casa, su residencia, su bloque de vecino o su apartamento.

Tampoco los preservativos deben ser arrojados al WC. El hecho de que están fabricados por las compañías para no romperse agrava la situación. Y es que los condones pueden acabar flotando en las alcantarillas de las ciudades u obstruyendo las tuberías de los edificios. Igual escenario se plantea con los bastoncillos para las orejas y los pañales que utilizan los bebés o las personas mayores. Su lugar no es otro que la papelera, la basura o el almacenamiento de desecho que tengamos en la casa, pero vamos que aunque sea un lugar de almacenamiento no tiene porque ser el armario a medida Pinto que te hicieron para la habitación.

Hay personas que tienen la costumbre de fumar y echar luego las colillas al WC. Se trata sin duda de un mal hábito que no hay que llevar a cabo en ningún caso. El cigarrillo se quedará flotando en el agua del inodoro hasta tres o cuatro veces después de que hayamos tirado de la cadena, con el gasto de agua que ello conlleva. Para colmo, su composición motiva que no pueda ser descompuesta de una manera fácil, por lo que tiene a atrancar los conductos y tubos de la instalación. Los químicos de los que está hecho el tabaco actual se suman además a la red de aguas, algo que no es tampoco nada bueno.

Debemos prescindir del hábito de echar el aceite en el WC; un único litro de aceite vertido puede ser capaz de contaminar hasta mil litros de agua. Casi nada. A las depuradoras les cuesta mucho trabajo separar estos líquidos, lo que repercute al final de manera directa y perjudicial en el medio ambiente. Si el aceite se termina mezclando con las toallitas desechables con los pañales, el atasco que puede llegar a producirse en la instalación será monumental.

Sobre todo, como decíamos más arriba, lo esencial es que el WC no sea sinónimo de contenedor de basuras. No tenemos que utilizar el váter para arrojar tampoco el hilo dental, las pastillas, los jarabes, los medicamentos, las pinturas, los disolventes, las lejías o los amoniacos; los productos químicos que, a veces, sin saberlo, echamos al inodoro pueden llegar a ser muy nocivos. Las consecuencias de todo ello son por lo general muy adversas y perjudiciales, para la salud y para el bolsillo.

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